Las minas de coltán son también una tumba para miles de personas. Imagen: MONUSCO

El lucro por delitos ambientales aumentó un 27% en 2015

Esta es una mina de coltán y también una tumba para miles de personas, entre ellas niños. Imagen: MONUSCO
Esta es una mina de coltán y también una tumba para miles de personas, entre ellas niños, protagonistas de delitos que no deberían suceder. Imagen: MONUSCO
  • Los delitos ambientales registraron el año pasado un fortísimo aumento respecto a 2014.
  • Sus consecuencias dañan a la naturaleza y atentan contra la vida e integridad de seres humanos que no salen en las noticias.
  • Dados los altos niveles de corrupción y las limitaciones de los cuerpos de seguridad, es difícil acabar con ellos.

El que los delitos ambientales sean un forma de hacer dinero, especialmente para el crimen organizado, a nadie le sorprende. Lo que quizá si sorprenda (por lo menos a este cangrejo) son los mas de 200 mil millones de dólares que se movieron el año pasado en actividades en contra del medio ambiente, según el PNUMA y la INTERPOL. Saquear la tierra a algunos les sale más que rentable.

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No sólo el medio ambiente está en peligro

El trafico de marfil es uno de los delitos ambientales más conocidos y que mueve millones todos los años. Imagen: U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters
El trafico de marfil es uno de los delitos ambientales más conocidos y que mueve millones todos los años.
Imagen: U.S. Fish and Wildlife Service Headquarters

Los delitos ecológicos van más allá del tráfico ilegal de vida silvestre y otras aberraciones muy conocidas. Hay algunas actividades de las que se habla menos o pasan más desapercibidas: el crimen corporativo en el sector forestal, la explotación y venta minerales (¿te acuerdas del coltán?), la pesca ilegal, el contrabando de residuos peligrosos y el fraude en créditos de carbono son sólo unos ejemplos.

Todas estas actividades delictivas no sólo dañan la biodiversidad; también perjudican a las comunidades humanas locales (esclavitud, tráfico de personas, pérdida de sus medios de vida…) y a la economía a nivel mundial. Generalmente están perpetradas por guerrillas, terroristas y bandas de crimen organizado para su financiación.

Pero no hay que olvidar los delitos de cuello blanco, los que más han aumentado en los últimos años. Están más encaminados a cometer fraudes como el del comercio de créditos de carbono por medio de empresas fantasma y paraísos fiscales.

Aumento escandaloso de delitos ambientales

Durante los últimos 10 años, el aumento de este tipo de crímenes ha sido de entre el 5 y el 7 % al año. Pero en 2015 los delitos ambientales sufrieron un preocupante auge, ya que se produjeron un 27% más que durante el año anterior. Hablando en dinero, se alcanzaron ganancias de hasta 258 mil millones de dólares, unos  226.000 millones de euros.

Estos datos los sitúan en el 4º puesto de las empresas criminales por detrás del trafico de drogas, la falsificación y la trata de personas. Además, está calculado que las pérdidas que causan a nivel mundial son unas 10.000 veces al dinero utilizado para combatirlos.

Pero, ¿por qué este auge? Las razones, la verdad, son las mismas de siempre:

  • La legislación existente en muchos países es débil o está mal aplicada.
  • Las fuerzas de seguridad encargadas de evitar estos delitos (y otros más) están mal financiadas, poseen recursos deficientes y muchas veces están atadas de manos por sus superiores.
  • La corrupción de políticos, altos cargos administrativos, empresarios, etc.
  • El aumento de conflictos armados.
El Algarrobico es un claro ejemplo de un delito ambiental de cuello blanco. Imagen: Untipografico
El Algarrobico es un claro ejemplo de un delito ambiental de cuello blanco. Imagen: Untipografico

El informe en que se dan a conocer estos trágicos datos se hacen una series de recomendaciones para luchar en contra de estos crímenes ambientales:

  • Mejora de la legislación y sanciones a nivel nacional e internacional.
  • Actuaciones más contundentes.
  • Interrupción de paraísos fiscales.
  • Aumento del apoyo financiero acorde con las amenazas para el desarrollo sostenible que generan estos delitos.
  • Favorecer los incentivos económicos y medios de vida alternativos para quienes están en la parte inferior de la cadena de los delitos ambientales, tales como los cazadores furtivos (por ello este cangrejo supone que se trata de aquellos pobres desgraciados que no han conocido otra cosa o para los cuales era la única alternativa a morir de hambre o asesinados).

Además, Jürgen Stock, secretario general de Interpol, afirma que la complejidad de este tipo de delitos hace necesaria una respuesta desde diferentes sectores y con colaboración internacional. Acabar con los delitos ecológicos está en manos de todos, ¿pero están todos dispuestos a ello siendo un negocio tan rentable?

Fuentes: PNUMA, iagua y La Nación.

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