La deforestación podría ser una consecuencia indirecta de la masificación del uso de biocarburantes.Foto: crustmania.

Los biocarburantes podrían dejar de ser renovables

La deforestación podría ser una consecuencia indirecta de la masificación del uso de biocarburantes.Foto: crustmania.
La deforestación podría ser una consecuencia indirecta de la masificación del uso de biocarburantes. Foto: crustmania.
  • 115 organizaciones de todo el mundo se muestran en contra del uso de biocarburantes como solución a los problemas energéticos.
  • Por la propia definición de la Agencia Internacional de la Energía, estos no se pueden considerar como energías renovables pese a que la UE así los catalogue.
  • Existen alternativas que podrían suponer un auténtico cambio en el sistema con la misión de reducir los problemas de contaminación.

Una agrupación de 115 organizaciones ecologistas de todo el mundo han firmado una declaración instando a la Unión Europea a dejar de catalogar a los biocarburantes como energías renovables, dado a sus múltiples problemas de contaminación, su no condición de energía verde e incluso la amenaza de deforestación que supone potenciar los denominados de segunda y tercera generación. Todo esto como parte del proceso de alegaciones al Marco Estratégico en materia de clima y energía para el periodo 2020-2030, enmarcado en la DIRECTIVA 2009/28/CE de Energías Renovables, finalizado el pasado 9 de enero.

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Sorprende que tantas entidades que velan por el cuidado del medio ambiente se unan contra algo que había sido anunciado como la panacea. Pero tiene sentido.

Los biocarburantes no son ni energías renovables ni verdes

Tanto a la biomasa como a los biocombustibles se les ha considerado siempre la gran solución al problema medioambiental y la Unión Europea los cataloga como energías renovables. Simplemente porque sus tasas de renovación son mucho mayores que en el caso del carbón o petróleo.

Sin embargo, la AIE (Agencia Internacional de la Energía), a la que pertenecen todos los Estados miembros, describe a las renovables como aquellas derivadas de procesos naturales (radiación solar, viento o el calor terrestre) que se regeneran a un ritmo más rápido del que se consumen. Por lo tanto, por definición, la Unión Europa está fallando a la hora de catalogar a los biocarburantes.

Por otro lado, aunque la AIE los diera por válidos, no son para nada verdes y por dos grandes motivos:

  1. Las emisiones. Obviamente las emisiones de óxidos de nitrógeno y azufre son mínimas en comparación con los combustibles fósiles, pero las de CO2, el principal gas de efecto invernadero, se mantienen. Por lo tanto, sólo se reduce levemente el problema de la contaminación atmosférica en lugar de aprovechar la transición para pasar a sistemas de cero emisiones.
  2. Perjudica a los bosques y cultivos. Los biocarburantes de segunda y tercera generación favorecen el uso de materia prima procedente de bosques y cultivos que tendrían que ser más extensivos para poder producirlos a gran escala. De esta forma, de una manera indirecta se favorece la deforestación y se eliminan sumideros de carbono. Por no hablar que podría causar que multitud de ecosistemas naturales no protegidos desaparezcan.

Las generaciones de biocarburantes

Para entender correctamente el segundo punto, es preciso conocer los distintos tipos de biocarburantes y sus orígenes. Actualmente se distinguen cuatro generaciones, de las cuales sólo la primera se ha hecho intensiva.

  • Primera generación: proceden de semillas oleaginosas, grasas de animales o aceites vegetales usados, afectando bastante a los cultivos alimenticios. La UE asegura que estos últimos dejarán de estar subvencionados desde 2020. Los dos grandes ejemplos son el biodiésel y el bioetanol.
  • Segunda generación: proceden de los residuos orgánicos (lo cual ayuda a solucionar sus problemas de almacenamiento) así como de biomasa lignocelulósica, es decir, de fibras vegetales no alimentarias. Destacan desechos de caña de azúcar o bagazo, rastrojo y olote de maíz, paja de trigo y arroz, restos forestales y algunos desperdicios de la industria del papel. Requieren de un mayor procesamiento para obtener un elevado poder energético y que sean compatibles con los motores actuales.
  • Tercera generación: son similares a los de segunda generación, pero usando como materia prima cultivos modificados biológicamente para facilitar su transformación de biomasa a biocombustibles. ¡Por mis pinzas! Los humanos jugando a ser Dios para resolver un problema que no tienen ni por qué existir.
  • Cuarta generación: mejoran los procesos de los de la tercera generación con el objetivo de aumentar la captación de carbono atmosférico, tanto en la fase de cultivo como durante el procesamiento de la biomasa.

¿Hay alternativas?

El mundo ideal sería uno en el que obtener energía no produjese ningún daño. Pero, desde mi cangrejil perspectiva, eso es una utopía digna de la ciencia ficción. No creo que exista una sola tecnología que no tenga inconvenientes medioambientales. Así que, siendo sensatos, siempre debemos buscar la que menos inconvenientes cause.

El uso de cultivos como el de girasol o palma para producir biocombustibles o biomasa está muy extendido. Pero lo que muchos no saben es que estos cultivos favorecen la perdida de masa boscosa. Imagen: Energías Renovables
El uso de cultivos como el de girasol o palma para producir biocombustibles o biomasa está muy extendido. Pero lo que muchos no saben es que estos cultivos favorecen la perdida de masa boscosa y problemas de suministros alimenticios. Imagen: Energías Renovables

Lo ideal sería, si se quiere seguir adelante con el uso de biomasa y biocombustibles, dejar de lado aquella que favorezca el uso de madera y cultivos (en especial alimenticios) e impulsar la de segunda generación que utiliza residuos agrícolas y de industrias, pero siempre y cuando se trate de residuos y no de plantaciones hechas con este fin exclusivo. Estos últimos han obtenido grandes resultados en la obtención de biocombustibles a partir de los desechos de la fermentación. Un ejemplo de ello son los estudios llevados a cabo por el profesor Martin Tangney creador de Celtic Renewables.

Sin embargo, creo que lo razonable es dejar de lado estas tecnologías y apostar por aquellas energías renovables que realmente lo sean y que produzcan el menor impacto ambiental posible.

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