Humano, ¿por qué te odias tanto?

Querido Homo sapiens que me estás leyendo. Dime, ¿por qué te odias tanto? Seguramente te preguntarás a qué pinzas viene esto. Bien, pues es la única conclusión a la que mi mente cangrejil ha llegado al ver cómo os la sopla no os preocupáis de vuestro propio futuro.

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El futuro del ser humano

Por lo que me cuentan mis esbirros humanos, desde cachorros tenéis en la cabeza la consigna de preocuparse por el futuro. Estudia para tener un buen trabajo, trabaja duro ahora para disfrutar más adelante o la aterradora no hagas algo de lo que te puedas arrepentir son mantras en la sociedad actual. O eran, porque está quedando claro que son unas afirmaciones de las que reírse un poco.

Más allá de ser un sistema de ideas que, por lo que veo, ha sometido a la humanidad a una amargura profunda, está poniendo en juego lo que supuestamente quiere defender: el futuro. Y esta semana nos hemos dado cuenta de que no es una broma.

Se extingue el primer mamífero a causa del cambio climático

Además, creo que estáis un poco locos o que la incoherencia está en vuestro ADN. Día tras día realizáis acciones que van contra vuestra propia integridad y vuestro propio futuro. Y es que el hecho de que un ratón se haya extinguido no es grave sólo porque vuestra irresponsabilidad haya acabado con una especie que jamás volverá a existir. Es un preludio de lo que puede pasar a partir de ahora.

Poco a poco os estáis cavando vuestra propia tumba. Pero no una en la que caer muertos, sino una en la que enterrarse vivos. No me quiero ni imaginar la angustia que tuvieron que sufrir los Melomys rubicola cuando veían que el agua inundaba el único terreno sobre el que podían vivir, sin poder hacer nada para evitar morir ahogados. Y, supongo, peor será esa angustia cuando metafóricamente os pase a vosotros. Con la conciencia de que ha sido por vuestra culpa. Por pensar en el futuro.

Lo de metafóricamente lo digo porque sé que, aunque se derritan los polos, siempre quedarán lugares emergidos en los que podáis vivir. Aunque no todos. La muerte del ser humano a causa de los problemas medioambientales que el propio ser humano está causando puede venir de muchas maneras:

  1. Agotamiento de recursos naturales.
  2. Falta de agua potable.
  3. Aumento de las temperaturas a niveles insoportables.
  4. Enfermedades causadas por todas las alteraciones climáticas antropogénicas.
  5. Que os matéis los unos a los otros a bombazos nucleares.
¿Sabías que la III Guerra Mundial podría tener la falta de agua como origen?

Las buenas noticias

Amor propio

Sí, humano mío, ¡tengo buenas noticias! Y son que aún no se ha pasado el punto de no retorno. Aquel en el que ya no se puede hacer nada. Todavía estás a tiempo de cambiar las cosas. ¡Sí, tú! ¿Cómo pinzas hacerlo? No tengo una receta mágica, pero creo que si sigues estos pasos lograrás liderar un gran cambio. Eso de liderar lo digo porque tú, sin nadie más, poco puedes conseguir y es necesario que sea la sociedad entera la que, poco a poco, empiece a cambiar su propio futuro.

  1. ¡Quiérete un poco! No es malo quererse a uno mismo (de verdad, humanos, ¿cómo podéis pensar que eso es malo? En serio, aún dudo de vuestra mal llamada inteligencia). Sólo cuando quieres a alguien de verdad te preocupas realmente de su futuro. Y sólo si te quieres eres capaz de querer a los demás.
  2. Quiere a los demás. De verdad, con el corazón. Se empático con tus semejantes, incluso con aquellos a los que sin querer explotas para usar un flamante smartphone (¿te suena el tema del coltán?)
  3. Mejora tus hábitos. Para frenar la huella ecológica (si no sabes qué es, te invito a leer un interesante artículo sobre ello), hay que adquirir hábitos más sostenibles como los que te enseño en Medio humano y Concienciación ambiental.
  4. Enseña a quien no sabe. Cuando los humanos hacéis algo destructivo suele ser por ignorancia. Por ello, por favor, ayuda a los demás y enséñales a quererse y cuidar el entorno del que dependen.

Si cada persona hiciera esto, otro cangrejo cantaría. Y, créeme, más hacen 2 personas que ninguna. ¡A por todas!

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