La obsolescencia programada genera toneladas de residuos al año, como se ve en este vertedero de Guiyu, China. Foto: Greenpeace.

Obsolescencia programada, matar objetos por dinero

Si hay algo que me preocupa del consumismo en el que los humanos basáis la economía es la cantidad de recursos naturales limitados que se desperdician. Día tras día compráis toneladas y toneladas de objetos fabricados para romperse adrede lo antes posible para que así tengáis que comprar más. Sin tener en cuenta que este ritmo es imposible de mantener y que, encima, se sostiene a costa de la salud y de la vida de personas como tú. ¿No es absurdo esto de la obsolescencia programada?

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Antes las cosas estaban hechas para durar. Me hierve la sangre cuando mis esbirros humanos me dicen que es algo que repiten bastante sus mayores. Es sorprendente que con los avances tecnológicos que hay, algunos objetos (sobre todo los cotidianos) duren tan poco. Y es doloroso saber que precisamente algunos avances vayan encaminados a eso mismo.

Por ejemplo, a todo el mundo le suena un teléfono móvil, de hace algunos años, que ya podía pasarle una apisonadora por encima que no se rompía y, que además, funcionara perfectamente tras años sin usarse. ¿Hay algún smartphone en el mercado al que le pase lo mismo? Si la respuesta es sí, por favor, dime en un comentario cuál es la excepción que confirma la norma.

¿De qué pinzas estoy hablando?

La obsolescencia programada es básicamente poner una fecha de caducidad para objetos que podrían durar más tiempo. Los fabricantes hacen sus productos para que duren un determinado tiempo y después ¡¡puff!!, se estropeen o simplemente dejen de funcionar. Por supuesto, muchos de ellos nada más acabarse la garantía que exige la ley (no eres la única persona a la que le ha pasado). En otras palabras, se trata de matar objetos para ganar (más) dinero.

Por si fuera poco, muchos de los productos electrónicos actuales no permiten una reparación ni una sustitución de la pieza dañada. Y si la permiten, es cara y el repuesto tiene que venir desde la punta opuesta del mapa.

Edison no quería la obsolescencia programada en sus bombillas. Imagen: CEA+
Edison no quería la obsolescencia programada en sus bombillas. Imagen: CEA+

Esto, simplemente, es una forma de hacer que la gente siga comprando en esta maravillosa era del consumismo, el milagro económico asesino. Las empresas en lugar de mantenerse con productos más caros pero de buena calidad y duraderos, prefieren hacerlo con productos que se estropean rápido y que, encima, no siempre son más baratos (pensando cangrejilmente, me parece un timo en toda regla).

Un ejemplo: Edison comercializó su primera bombilla pensando en mejorarla y hacerla más duradera y eso que esa ya duraba unas 1.500 horas encendida. Años más tarde se formó una organización que prohibió la comercialización de bombillas que duraran más de 1.000 horas sancionando (o haciéndole la vida imposible) al que no lo cumpliese. Mi primo Vito sabe de lo que hablo.

Otro ejemplo son las medias de nylon. Sí, has leído bien.  Quizás no lo sepas, pero las primeras que se fabricaron eran casi indestructibles. Al ver que no había apenas ventas porque no se rompían ni a tiros, se empezaron a fabricar de peor calidad para hacer que la demanda aumentase. Esto es obsolescencia programada a lo bestia.

Impactos de la obsolescencia programada

La muerte programada de un producto no sólo tiene un fuerte impacto negativo en las cuentas corrientes de los consumidores. Además, produce (especialmente en el caso de aparatos eléctricos y electrónicos) un gran número de impactos humanos y ambientales que repercuten en todos.

  1. Sobreexplotación de recursos. Al necesitar producir más cantidad, la cantidad recursos naturales utilizados aumenta. Y nuestro planeta es finito.
  2. Contaminación. Las emisiones de GEI (Gases de Efecto Invernadero) y otros residuos procedentes del proceso de fabricación y obtención de las materias primas es mayor.
  3. Muerte sangrienta. Muchas de las materias primas utilizadas no sólo provocan impactos ambientales, sino también sociales como es el caso del coltán.
  4. Mayor consumo y otros efectos secundarios. El funcionamiento defectuoso al final de la vida útil puede provocar daños en instalaciones, aumentos de los consumos eléctricos e incluso, en casos muy excepcionales, daños humanos (¿te suenan las baterías de móvil que explotan?).
  5. Toneladas de basura. La generación de residuos es mucho mayor, su tratamiento no siempre es fácil y muchos de ellos son extremadamente contaminantes. Pero, por encima de todo, el reciclado es más caro y eso, amigo mío, no interesa.
La obsolescencia programada genera toneladas de residuos al año, como se ve en este vertedero de Guiyu, China. Foto: Greenpeace.
La obsolescencia programada genera toneladas de residuos al año, como se ve en este vertedero de Guiyu, China. Foto: Greenpeace.

La generación de residuos a causa de la obsolescencia programada está siendo, además, una pesadilla para los países menos desarrollados. Lugares como Agbogbloshie en Ghana ha sido y sigue siendo el lugar al que muchos aparatos se han enviado supuestamente para ser reutilizados y reciclados. ¡Ja, ja! La realidad es que han acabado acumulándose por todas partes, degradando suelos y aguas y afectando gravemente la vida de los habitantes de la zona. Y es que el agua contaminada por residuos electrónicos puede ser muy dañina.

Consumo responsable y economía circular

¿Te imaginas volver a un modelo en el que los fabricantes compitan para hacer el producto más duradero? ¿Y en el que la presión social no te fuerce a reemplazar algo que funciona perfectamente? Sin lugar a dudas, creo que la solución a la obsolescencia programada no es sencilla. Nos enfrentamos a grandes multinacionales y empresas de todo tipo que lo único que les interesa es el dinero, muy por encima de tu bienestar.

Pero no hay que perder la esperanza. Hace unos pocos años fue muy sonado el caso de unos reproductores de música cuya batería se estropeaba justo al acabar la garantía. Una demanda conjunta de los usuarios consiguió que la empresa prolongara la vida útil de su producto y mejorara el servicio técnico.

Afortunadamente, Internet está sirviendo para cambiar el mundo y ejemplo de ello es la cantidad de personas que comparten cómo arreglar lo irrecuperable. Por ejemplo, cómo piratear las impresoras que dejan de imprimir tras una cantidad de páginas impresas.

Está claro que la solución pasa por una buena educación que acabe con la mentalidad avariciosa, favorezca la convivencia y el respeto a los demás, de tal manera que se pueda cambiar el modelo productivo. Eliminar la obsolescencia programada, mejorando la calidad y durabilidad de sus productos y con un servicio técnico realmente eficiente. Esto, sumado a adentrarse en la economía circular, en la que todos los materiales se reciclan y reutilizan al máximo, lograría que la huella ecológica del ser humano disminuya drásticamente.

Este es el sello a favor de las cosas de calidad y duraderas. Imagen: Fennis.org
Este es el sello a favor de las cosas de calidad y duraderas. Imagen: Fennis.org

Para empezar a hacer realidad esta utopía, este cangrejo te aconseja que hagas un consumo responsable (sólo lo que necesites) y que busques en los productos la etiqueta ISSOP que marca que estás ante algo sin obsolescencia programada.

Si quieres saber más de este tema, te recomiendo el siguiente reportaje: Comprar, tirar, comprar.

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Un comentario en “Obsolescencia programada, matar objetos por dinero

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