No lo parece, pero en esos sobres se conservan los recursos genéticos de un banco de semillas. Imagen: R. C. Johnson

Banco de semillas: plantas para el futuro

La conservación de la biodiversidad no implica sólo tomar medidas a pie de campo, sino que existen diversos métodos para la conservación de especies ex-situ, como sucede, por ejemplo, con la cría en cautividad de especies como el lince ibérico. Hoy os hablo de un método muy importante para la conservación de especies vegetales: el banco de semillas.

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La ONU y la FAO, decididas a conservar la diversidad

Si piensas que un banco de semillas es aquel en el que puedes pagar la hipoteca con granos de alpiste o trigo, es que no andas muy puesto en la materia. Se trata de un tipo de bancos de germoplasma en el que se depositan semillas, bulbos, rizomas y esporas vegetales para su conservación.

No lo parece, pero en esos sobres se conservan los recursos genéticos de un banco de semillas. Imagen: R. C. Johnson
No lo parece, pero en esos sobres se conservan los recursos genéticos de un banco de semillas.
Imagen: R. C. Johnson

La mayor parte de los jardines botánicos se han dedicado a la conservación y estudio de vegetales, pero no fue hasta el Convenio sobre la Diversidad Biológica de la ONU y el Tratado Internacional de Recursos Fitogenéticos de la FAO cuando comenzó a surgir de manera firme y segura el concepto de banco de semillas.

En la actualidad, casi todos los jardines botánicos poseen uno, pero también los tienen universidades y empresas privadas, de manera que a lo largo del mundo hay unos 1300 bancos de semillas. Como curiosidad te diré que el primer banco de semillas de España es el César Gomez Campo de la Universidad Politécnica de Madrid, creado en 1966, que además fue el primero en especializarse en semillas silvestres en todo el mundo.

¿Cómo funciona un banco de semillas?

El banco de semillas o germoplasma surge con tres finalidades importantes:

  • Conservar la diversidad genética.
  • Evitar la erosión genética de los cultivos.
  • Conservar semillas de cultivo en caso de que ocurriese una catástrofe (qué previsores).

Para ello se recolectan especies y variedades diferentes, originales y que no se hayan mezclado con otras. Podría decirse que se busca una ‘raza pura’ para su conservación, puesto que el avance de la agricultura ha provocado la mezcla de genes en busca del cultivo ‘perfecto’ (sí, ese que resista plagas, incendios, sequías, inundaciones y encima sepa bien. Si es que lo queréis todo).

Miles de semillas se conservan en bancos, como este del CICY. Imagen perteneciente a: dicyt
Miles de semillas se conservan en bancos, como este del CICY.
Imagen perteneciente a: dicyt

Una vez se tienen las semillas, esporas o lo que sea necesario conservar, se secan y se mantienen en condiciones de baja temperatura y humedad y sin luz; de esta forma se evita que germinen y se conservan en estado latente por un largo periodo de tiempo. Pero este tiempo no es eterno, así que es necesario, de vez en cuando, volver a sembrar las semillas para poder recolectar nuevas más “frescas”.

Pensándolo bien, es una pena que los humanos tengáis que recurrir a guardar semillas en placas de Petri o tubos de ensayo para poder asegurar la alimentación y la diversidad en el planeta, ¿no creéis?

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