Requiem por el Islamia ateni

Hay animales que pasan desapercibidos en el mundo, tanto que se extinguen y nadie sabe de ellos. Es lo que pasa si no eres tan carismático como el bucardo o el ostrero unicolor canario, o bien eres pequeño y vives en un lugar que mucha gente desconoce. Esto es lo que pasa con un pequeño molusco desaparecido del territorio nacional en la segunda mitad del siglo XX: el Islamia ateni.

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Un caracol que disfrutaba con el azufre

El Islamia ateni es la única especie de molusco extinta en nuestro país. Fue visto por última vez en 1969, año en el que la especie además fue descrita.  En 2013, tras varios años buscando rastros de la especie, se la dio por extinta definitivamente.

Este gasterópodo era endémico del balneario de San Vicente en Lérida (o Lleida o Ilerda o cómo pinzas querías llamarla los humanos). Su hábitat era el curso de aguas sulfurosas procedente del manantial térmico de San Vicente (estoy seguro que muchos humanos estarían encantados de meterse a remojo ahí, pero a mi el azufre y el agua caliente no me va).

Parece grande, pero es a causa de los aumentos del microscopio con el que se tomó la fotografía. Imagen procedente de la Guía de campo Moluscos Acuáticos de la Cuenca del Ebro del MAGRAMA
Parece grande, pero es a causa de los aumentos del microscopio con el que se tomó la fotografía. Imagen procedente de la Guía de campo Moluscos Acuáticos de la Cuenca del Ebro del MAGRAMA

Decir que este molusco es pequeño es quedarme corto (sobre todo desde el punto de vista humano). El tamaño de su concha rondaba los 1,75 milímetros de altura. Su concha, que es lo único que puede encontrarse de este caracol, era cónica con 4 vueltas en espiral. La última de ellas (la que tiene la abertura para que el gasterópodo salga) ocupaba unos 5/7 del tamaño total de la concha. Además poseía opérculo, una especie de disco calcificado que hace las veces de tapadera o puerta de la concha.

Este gasterópodo de la familia Hydrobiidae, a pesar de que algunos le meten en el saco de los caracoles terrestres, respiraba mediante una branquia en lugar de por pulmones como es habitual en los caracoles terrestres. Pero lo más curioso es su forma de reproducción: no necesitaba que lo fecundasen (un Juan Palomo en versión reproductiva). Se reproducía mediante partenogénesis, es decir con huevos sin fecundar. He de admitir que no es la única especie que lo hace, pero aún así no deja de ser peculiar.

El final del Islamia ateni

Este lugar, paradisiaco para algunos humanos, era el hogar del Islamia ateni. Imagen: ©weekendesk
Este lugar, paradisiaco para algunos humanos, era el hogar del Islamia ateni. Imagen: ©weekendesk

La verdad es que no se conoce la fecha exacta de la desaparición del Islamia ateni, era tan pequeño y pasaba tan desapercibido que nadie se dio cuenta de su extinción o se preocupó por él. Lo que sí se conoce, en cambio, son las causas de su extinción:

  • Alteración del ecosistema a causa de la construcción de una carretera y otras infraestructuras.
  • Sobreexplotación del manantial y canalización del agua para su uso en el balneario.
  • Posible contaminación del acuífero y curso fluvial.
  • Perdida de sustrato vegetal a causa de la limpieza y dragado de fuentes y cursos de agua.

Estropeado su hábitat y desaparecida la especie lo único que podemos hacer por el Islamia ateni es dar a conocer su historia y evitar que otras especies, da igual si grandes o pequeñas, carismáticas u odiadas por algunos, acaben como este pequeño caracol.

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